Gran esfera de plata, sonrisa del firmamento… ¿de cuántas veladas fuiste testigo? Eres la musa en la que los artistas hallan versos; la guía silente que orienta a los navegantes. Esa reina grandiosa cuyo trono es la noche. En el manto de sosiego que tras cierta hora dejas caer se esconden los protagonistas de todas esas historias milenarias que, bajo el sol del mediodía, no se osan a ser contadas. ¿Cuántas de ellas se habrán quedado varadas en las profundidades de tus cráteres, Selene? Desde aquí, seguimos contigo tu ciclo infinito. No hay noche en la que tu belleza no nos cautive, pese a conocer bien ya la cara vista de tu ser. Sin embargo, ese secreto que discretamente ocultas a nuestros ojos, provoca una misteriosa sensación, representante de todo aquello que jamás pudo ser bañado por el sol. A veces me pregunto qué encierras realmente en tu tranquila luminiscencia… Para el universo no eres más que un ínfimo detalle pintado sobre su lienzo, pero en ti, los mortales que buscamos respuestas en el vasto cielo estrellado, encontramos algo de refugio. Para ti, satélite plateado. Ofrenda de una efímera vida.
Selene