No hace falta que el calendario marque el año 2025 para saber que ganar dinero es más un fin en sí mismo que un medio, sin importar demasiado el cómo o a costa de quién.
A la élite se le da de maravilla maquillarlo todo con discursos de progreso, eficiencia y emprendimiento, pero bajo sus pies se encuentra enterrado en eufemismos el terrorífico coste humano del sistema. ¿De verdad es legítimo enriquecerse a costa del sufrimiento ajeno? ¿O simplemente hemos normalizado tanto la injusticia que ya ni siquiera la vemos?
Para vivir en Málaga siendo adulto sin compartir piso con tus padres o con cinco inquilinos más hay que esperar medio siglo o una herencia que suena más a chiste negro que a plan de vida. Especulación, gentrificación, fondos buitre y airbnbs. Todo muy legal, muy limpio, muy rentable. Cada día estoy más de acuerdo con Hannah Arendt al afirmar que “el mal ya no necesita monstruos, basta con burócratas”. Hoy, generar riqueza perjudicando a otros no causa remordimientos porque las consecuencias no son visibles. El sufrimiento se halla tras un Excel.
Mientras tanto, empresarios de moral líquida contratan a inmigrantes en condiciones infrahumanas y encima se cuelgan la medallita de benefactores. La historia se repite; desde Craso lucrándose con incendios en Roma hasta compradores de AliExpress que, con las cejas arqueadas, fingen ignorar que su top de 2,99 está manchado de sudor infantil.
El neoliberalismo nos prometió libertad, pero solo liberó a los ricos de responsabilidad. Nos vendieron el cuento del ascenso social, pero aquí la mayoría besa el suelo de la pirámide mientras carga con el yugo de un esfuerzo vagamente recompensado.
Forrarse a costa del dolor ajeno no es lícito, pero desde luego es cómodo, rentable. Está de moda. No obstante se aleja con creces de lo que podríamos considerar humano. De cualquier manera, el capitalismo, con esa fraudulenta sensación de bienestar que trata de transmitir, se esfuerza cada día por convencernos de lo contrario. Mucho me temo que la anestesia está haciendo efecto.