Hay quienes se denominan a sí mismos artistas; o quienes prefieren relegar ese término a un segundo plano, al menos mientras no sean reconocidos por sus creaciones. La línea que divide la vida entre lo que es arte y lo que no, se muestra confusa e incluso etérea, como un lienzo en blanco anhelante de ser pintado por la subjetividad del hombre. En algún quimérico lugar, se halla un campo de batalla en el que el dolor y la esperanza se enfrentan en un eterno duelo. En donde las letras se dan la mano y los sonidos cobran sentido. ¿Qué es el arte sino un reflejo del alma? Un espejismo de nuestra polifacética humanidad. Un medio a través del cual se trasciende el tiempo y el espacio. El arte es eco de lo intangible, melodía de lo invisible… Es la luz que guía a aquellos dispuestos a no sólo mirar con los ojos. Y en su magia, resplandecen los más sinceros deseos de quienes lo crean y lo consumen. En cada creación artística se derrama un fragmento de esencia, que permanecerá inalterable durante el resto de la historia. Todo creador termina esfumándose, pero esa semilla de eternidad presente en toda obra germinará para siempre en los corazones de sus espectadores. Una y otra vez, de mil modos diferentes…
El arte tan solo abre puertas a la eternidad del ser.
La melodía de lo invisible: ¿Qué es el arte?